Tres estrategias para problemas infantiles

Intervención Emocional y de Conducta
Publicado el 24 de enero de 2022 4 minutos de lectura 535 visualizaciones 0 comentarios
Tres estrategias para problemas infantiles

Los terapeutas nos encontramos a diario con padres que acuden preocupados por diferentes actitudes de sus hijos relacionadas con el comportamiento, emociones, hábitos o relaciones, entre otras. Consultas comunes a problemas de la infancia que no tienen manual de instrucciones. Cuando los niños presentan dificultades, como padres debemos hacernos tres preguntas clave.

  • 1. ¿Nuestro hijo, con dicho síntoma, tiene el poder y el dominio de la dinámica familiar?
  • 2. ¿Con el paso del tiempo, desde que detectamos el problema, la situación ha mejorado, se ha mantenido o ha empeorado?
  • 3. ¿Qué hemos hecho para solventar el problema, que, en vez de solucionarlo, se ha complicado aún más?

Si las respuestas a estas preguntas son: Si, tiene el poder absolutamente, el problema ha empeorado y lo hemos intentado todo y nada funciona, es importante seguir leyendo.

El empoderamiento de mi hijo

La jerarquía se ve alterada y el niño domina la dinámica familiar, y los padres pasan a ser títeres que actúan en función de cómo su hijo mueve los hilos. Expectantes al comportamiento de su hijo, los padres quedan a la espera de que la situación mejore y el problema desaparezca. Pero eso no sucede. En estos momentos es cuando hay que pararse a pensar en la necesidad de un cambio. El establecimiento de roles precisos, donde los padres estamos en superioridad con respecto a ellos, es básico para el equilibrio de toda la familia.

¿Cómo funciona el síntoma?

Pongamos el ejemplo de que tengamos un hijo con un comportamiento disruptivo y uno con un comportamiento intachable. En este caso, ¿a quién le funciona mejor comportarse de una manera determinada? Posiblemente digamos que, el que tiene peor comportamiento recibe más atención y resulta beneficiado funcionando mal que aquel que funciona bien. Esta es una realidad que traspasa las relaciones paterno-filiales y puede darse en cualquier tipo de relación afectiva, en las que deberíamos reflexionar.

La sobre atención: el mantenedor del problema

La sobre atención que recibe el niño probablemente no sea la causa de su mal comportamiento, pero sí, es algo que mantiene el problema. Tanto la atención positiva como la negativa son reforzadores claros de la conducta. Si queremos eliminar un comportamiento es imprescindible que en el adulto no genere emociones (positivas o negativas) que favorezcan la cronificación del acto.

La rivalidad entre hermanos hipervínculo

A continuación presentamos las 3 Estrategias para problemas infantiles:

1. Reestructuración cognitiva con connotación positiva

“Ana quiero pedirte perdón porque hasta ahora no me había dado cuenta que tu necesitabas descargar esta rabia, esto te ayuda, y poco a poco aprenderás a controlarte. Tu conducta me hace ser más paciente y mejor mamá, por eso te quiero dar las gracias. Es importante que yo no me enfade, por lo que en casa puedes descargarte en tu habitación, yo te esperaré tranquila hasta que se te pase”.

Una explicación de este tipo tiene un contenido absolutamente terapéutico. Hacerle ver a nuestros hijos otro punto de vista con respecto a la realidad que estamos padeciendo, eliminando el poder que está tendiendo con su conducta y la negatividad de sus actos, continuamente reforzada.

Hacerles ver a nuestros hijos que hasta ahora no habíamos entendido que quería manifestar y eliminado así, cualquier provocación o intencionalidad negativa, logrando que el poder lo tengamos nosotros y lo pongamos en un doble vínculo: si sigue haciéndolo dominamos nosotros porque le hemos dicho que lo puede seguir haciendo (dado que tiene un contenido positivo), y si lo deja de hacer dominamos nosotros porque eliminamos radicalmente el síntoma.

En este ejemplo vemos como pase lo que pase nosotros tenemos el poder. Eliminamos la carga negativa, tan común, y que repercute claramente en el vínculo dificultando la comunicación.

2. Prescripción del síntoma

“María si necesitas un tiempo para quejarte lo puedes hacer ahora que tengo tiempo de escucharte”.

En este caso, aquello que surge espontáneo en nuestro hijo lo bloqueamos. Pensemos ante la posibilidad de que nos digan que vayamos a ver una película que nos va encantar, o que nos contarán un chiste muy bueno. Cualquier acto de espontaneidad queda bloqueado en cuanto se nos prescribe. Es muy probable que genere precisamente la actitud contraria que es hacer lo que como padres queremos que haga.

3. Observar y no intervenir

“Si quieres enfadarte puedes hacerlo, yo no me voy a enfadar contigo, es cosa tuya. Cuando se te pase ven y seguiremos haciendo lo que íbamos a hacer”.

El hacer activamente nada como padres y dirigir todo el control hacia uno mismo en vez de hacia nuestro hijo permite:

  • Reducir el conflicto
  • No alimentar emociones negativas
  • Darles un modelo de control de conducta
  • Favorecer el vínculo
  • Eliminar sobre atención al síntoma negativo
  • Quitarles el poder de control del entorno

El actuar según la lógica no ordinaria con niños con los que la lógica ordinaria no funciona, nos permite abrir un abanico de posibilidades de mejora en el comportamiento, en las emociones y la comunicación con nuestros hijos, afianzando vínculo, eliminando el conflicto y aumentando las posibilidades de nuestro hijo de la gestión de sus emociones.

Cita: blog Helena Alvarado


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